En 1993 se convocaron las últimas oposiciones al cuerpo de fareros.

Los pocos que quedan en activo, tuvieron que elegir entre un oficio condenado a desaparecer o abandonar los faros y trabajar en las oficinas de los puertos.


Un acercamiento a una profesión en extinción.


Una farera que se jubila.


Un enamorado de su profesión obligado a vivir lejos de su faro.


Un representante de la última generación de torreros.


Un pintor.


Un historiador...


Todos ellos, ligados a un patrimonio en peligro de desaparición.

Para ser un buen farero lo primero que se necesita es tener amor a la profesión. Porque uno puede estar académicamente bien preparado pero si no tienes el gusanillo ese que le coges con los años... Con los años te vas haciendo más a los faros, les vas cogiendo cariño. Es esto: los años te van haciendo farero.”

                            Pedro Pasantes

   Farero de la Torre de Hércules

“Cuando yo fui a faros, era la primera mujer de un farista que se presentaba a faros. Era raro, ¿no? La evolución es buena. Muy buena. Lo único es, pues eso, que a los faristas nos gusta ser faristas, nos gusta estar en nuestro faro y yo, personalmente, lo veo muy útil. Siempre se necesita un faro. Y, aunque lleves GPS, yo creo que, los barcos grandes incluso, llevarán su GPS, llevarán todas sus cosas, pero la mirada al faro, aunque sea por costumbre, yo creo que la echan. Yo pienso que los faros teníamos que tenerlos como un monumento bien cuidado y bien guardado.”

Dolores Papis “Lola”

        Farista jubilada

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