En 1993 se convocaron las últimas oposiciones al cuerpo de fareros.
Los pocos que quedan en activo, tuvieron que elegir entre un oficio condenado a desaparecer o abandonar los faros y trabajar en las oficinas de los puertos.
Un acercamiento a una profesión en extinción.
Una farera que se jubila.
Un enamorado de su profesión obligado a vivir lejos de su faro.
Un representante de la última generación de torreros.
Un pintor.
Un historiador...
Todos ellos, ligados a un patrimonio en peligro de desaparición.



